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Ana Callegaris

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Espacio de una escritora de Santa Fe, Argentina. Profundiza en el Microcuento. También se incluyen Relatos y Cuentos. Se le devuelve a la Literatura breve el lugar que merece. Correos a anacallegaris@yahoo.com.ar

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Miércoles, 19 de marzo de 2008

Bosque Virtual

Por: Ana Callegaris | Tributo | Comentarios (0) | Referencias (0)

Miércoles, 19 de marzo de 2008

Voz grave y otros misterios

Pasó
Descendió
Bajó
Caminó
Suspiró
Se acercó
Me miró desde esos ojos pardos, preguntó algo vacío con la voz grave que llena todo el ambiente.
Se alejó.


Aún lo miro, aún veo su espalda hundirse en la noche, caminar hacia el Este huyendo rumbo al puerto, sin perder su aura de hombre solo y enigmático.

Todavía lo deseo.

Por: Ana Callegaris | Microcuento | Comentarios (0) | Referencias (0)

Viernes, 14 de marzo de 2008

Camilas o Camomilas

Camomila... Camila... camilla... Suena a hierba suave, o nombre de mujer que arriesga la vida por amor... sabe a cama rápida de hospital.

Te agradezco que existas. Que nazcan mil Camilas como vos: audaces, zarpadas, huracanes apenas saliendo de la infancia, niñas y mujeres al unísono, cultivadas en invernaderos que supieron burlar para amar o morir en el intento.

Por: Ana Callegaris | Microcuento | Comentarios (0) | Referencias (0)

Lunes, 28 de enero de 2008

Otro

Te estoy escuchando. Te estoy sintiendo, tu olor, tu piel, tu ritmo monocorde. La ducha sobre tu cuerpo y tu cansado andar. Tu teléfono pleno de contactos y llamadas extrañas. Tus ideas y lógica aparente. Todo me aburre, sí, me hastía. Necesito otros sueños, otro lugar, otra historia, otro hombre.

Por: Ana Callegaris | Microcuento | Comentarios (0) | Referencias (0)

Lunes, 20 de agosto de 2007

PABLO Y SU DESEMBARCO

No sé porqué te llamás Pablo. Como el Pablo del mar. Como el que le allanó el camino a Pedro en Roma. Como tantos papas, como tantos hombres corrientes. Esa noche de verano en la cual te conocí, fatigosa la noche y fatigada yo de tanto errar, no imaginaba que cambiarías el eje de mi planeta, el humus bajo estos pies cansados, mi soledad gris por tu mirada avellana. Abandono por ti mi obstinada soltería, mi abúlica mirada, las estúpidas teorías y el "vivir por vivir"... Por ti: pequeño marinero que echó su ancla en mi opaco corazón.

Por: Ana Callegaris | Tributo | Comentarios (0) | Referencias (0)

Jueves, 08 de junio de 2006

AMO DE CASA

¿Quién dijo que no escribo historias de amor?


Esa mañana se levantó cansado. Cansado de escuchar a los robots limpiando y su zumbido... Cansado de Marla, de que salga con otros hombres, de su dedicación a las leyes y a sus amigos abogados por encima de vicisitudes familiares.
Cansado de estar siempre solo en casa.

Tomó el último auto que ella le compró y lo llevó al concesionario.
-No tiene nada, Joaco, lo revisé entero. -Le dijo Jazmín, la mecánica.
-Es que te quería ver a vos... -Contestó con suavidad.

La limpieza la hacen los aparatos, la comida se limita a abrir latas y Marla nunca está, o está en la sala de computadoras, aislada del planeta.

Y él desde entonces, se hundió en Jazmín, en la ternura de Jazmín, en sus brazos amorosos, en su olor, en el néctar de su piel ambarina.
Marla a veces los observa mimarse en la alfombra desde la escalera.
Sin afección ni emociones que puedan distraerla.
Sin corazón que anule la razón.

Por: Ana Callegaris | Microcuento | Comentarios (1) | Referencias (1)

Sábado, 03 de junio de 2006

DESDE EL TABURETE

Aquel día lo vi cerca de donde yo vivía. Estaba parado sobre un taburete pintado color oro y desde ahí gritaba los titulares de los matutinos.

Todos querían saber de qué se trataba el nuevo gobierno, que medidas tomaría, quien tendría que exiliarse.
Esas cuestiones a Totó no le importaban, él sólo quería vender diarios y llevar unas cuantas monedas a su casa. Si es que se le podía llamar casa al lugar donde dormía todas las noches desde hacía muchos años junto a su fiel perro Paco.
Una vez tuvo una novia, ahí en Purmamarca, era linda pero frágil, enfermiza.
De tanta debilidad y delgadez pasó a ser una calavera y la parca no se hizo esperar.
Totó nunca olvidó el brillo de su mirada, la tersura de sus brazos rubios, linda alemana venida de Rosario con sus padres, quien sabe porqué motivos a una provincia tan lejana.
Allí cambió –para peor- de vida. Pasó al alcohol, cigarro y ginebra no le faltaron y si no los conseguía por las buenas, se peleaba con el dueño del boliche hasta que lograba que don Lucio Salazar cediera una copa más.
Rara vez visitaba la tumba de ella, temía encontrarse con la familia de ella que lo detesta por su pobreza y dejadez.

Una mañana se le acercó un changuito gringo y le pidió dos matutinos porteños y el diario de Rosario… Su mirada lo estremeció, hasta hacerlo tambalear en su taburete. Eran los ojos de ella, también su boca y hasta un mohín que hacía al sonreír.
Tratando de disimular su turbación, le entrego La Nación y Clarín, pero no tenía La Capital de Rosario. Vio al niño alejarse… Solo, como desapareciendo en la neblina espesa y agobiante que traen los recuerdos tristes.

Nunca se ha vuelto a ver a Totó en Purmamarca, ni a Paco, ni a su extraño taburete dorado.

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Domingo, 14 de mayo de 2006

CONFORMISMO

Se levantaba sin pensar. Besaba a su marido al despedirlo, como siempre. Iba a la oficina sin cuestionarse porqué. Sonreía por compromiso, al volver pasaba por el mercado, todos los días. Cenaba sola mirando el mismo programa de entretenimientos.
El llegaba cuando ella ya estaba dormida.

Los sábados salían con los matrimonios de siempre, al lugar de siempre, regresaban en silencio, como siempre.
Los domingos pasaban informes, silenciosos. Hasta el gato se aburría.
Pasaron viente años idénticos.
Una mañana la atropelló una moto al salir del mercado.

La sepultaron en el cementerio de su ciudad.
En poco tiempo comenzaron a olvidarla.

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Lunes, 24 de abril de 2006

INFELIZ DOMINGO

Estábamos almorzando tranquilos en un domingo otoñal. El pollo tenía buen sabor y la conversación también. El fútbol y su bochinche hacían llegar su presencia ineludible desde el televisor de mi madre.

Fuimos felices, o por lo menos estuvimos en paz hasta que dije, sin afección:
- Hoy cumple años David.
Mi madre se sumergió en un silencio pesado, mientras se metía en la cocina con las bandejas vacías.
Mariano no emitió sonido. Giró su cabeza hacia un lugar vacío y oscuro.

Me arrepentí de abrir mi bocaza.
La casa se fue envolviendo en esos climas húmedos, vacíos y penosos, propios de las familias que fueron desmembradas por un hachazo irracional.

Por: Ana Callegaris | Microcuento | Comentarios (2) | Referencias (0)

Jueves, 20 de abril de 2006

MI BEBÉ

Te vi por primera vez arropada de amarillo. Dormías tranquila en los brazos de tu padre y tu carita rosada no mostraba signos de sufrimiento.

Las batitas que abuelas y bisabuela tejieron te quedaban grandes, tus piernitas eran breves como tu llanto.

Yo apenas pisaba la veintena y a las dos nos quedaba una vida por delante.

Pasaron casi dos décadas, cambiamos de milenio y tu vida se acerca a la adultez.

Siempre serás mi bebé, único fruto de mi vientre y mi regazo seguro refugio de sinsabores y pesares.

Por: Ana Callegaris | Microcuento | Comentarios (1) | Referencias (0)

Martes, 18 de abril de 2006

UN VIAJE EN TREN

Me senté cómoda en el último asiento. El vagón estaba repleto y la señora sentada a mi lado parecía muy amable. El tren comenzó su marcha y rápidamente ingresamos en un túnel. La primera estación se veía luminosa, alegre, repleta de adolescentes: pude reconocer la cara de mi hija entre ellos y me saludó con su mano izquierda. Yo no entendía nada: ella se había quedado en casa, en Santa Fe ¿qué hacía allí? Pensé que me había dormido y sería sólo un sueño. La señora me siguió hablando de sus hijos, nueras y nietos. Apoyé la cabeza y miré hacia el campo oscuro por la noche de luna nueva.
Para mi sorpresa, en la segunda estación estaba mi padre, solo, fumando su habano. Sacó el pañuelo blanco y lo sacudió en señal de despedida. Comencé a llorar, estaba vestido de negro con la corbata bordó de la noche del accidente. Mis lágrimas ya eran visibles para mi compañera, no pude explicarle que estaba saludando a un hombre muerto hacía quince años. Y se lo veía allí, tan real... casi tangible.
Ya no me sorprendió lo que me esperaba en la tercera estación: estaban mi madre, mi novio y la señora que cosió mi vestido de novia. Se veían enojados mientras me hacían señas para que descendiera del tren. Era inentendible, hace veinte años que esos tules blancos me vistieron una noche. Cerré los párpados, intenté dormir. El tren tomó velocidad, casi todos dormían pero mi compañera tejía. En la última estación vi a mi abuela conversando con una niña junto a su máquina de coser: no me costó reconocerme, con los moños azules que ella solía utilizar para recoger mi pelo. Estaba joven, con su abundante cabello miel y una sonrisa que la vida le borró. Cuando pensé que ese extraño viaje había terminado, el tren arrancó de golpe.
En la última parada una joven bailaba en el andén con ese latino moreno que fue mi padre. Cuando giraron, pude ver el rostro jovencísimo de mi madre al son de "Inolvidable", un bolero exquisito, y la niña que fui saltó del tren y los abrazó a los dos.

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Domingo, 09 de abril de 2006

Gracias Sr. Casciari por existir.

Domingo. Calor. Natalia que insiste con aprender a manejar. Salir a la siesta por alguna zona insólita para derretirse en el auto y llegar a la conclusión de que el verano en Santa Fe se ha vuelto eterno.
Garganta frágil, voz quebradiza. A ratos, parezco un travesti. En otros momentos, un militar arrepentido.
Conta las cuerdas me ha puesto el otorrinolaringólo: no hable.
Peleada estoy con mi psicólogo. El me quiere psicoanalizar, yo no. Mejor hablemos de fútbol, ¿Cómo anda Unión?
Domingo. Calor. La Nada. Nervios de alpedista, aburrimiento, ciudad vacía.
De pronto buscando otra cosa redescubro a Hernán Casciari. Leo su blog casi al completo.
Me divierto, me saca las primeras carcajadas del día. La vida sigue y vale la pena abusarse de ella.
Leo y releo su añoranza por el criollo asado desde su vida en España. Lo de las competencias de Locos en la provincia de Buenos Aires da para otra bitácora entera y se me salen las mandíbulas de tanto reír.

Gracias señor Casciari por exisitir.

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Domingo, 02 de abril de 2006

SOLDADO, COLIMBA, AMIGO

A los ex Combatientes de la guerra por Malvinas.

Estarás allí, sentado en tu rincón. Un empleado más de una oficina burocrática y descolorida. Hace veinticuatro años te mandaron a las Islas y te hicieron creer que podrían recuperarlas. Tal vez lo pensamos todos. Llenamos una plaza vitoreando a un alcohólico que nadie eligió y ustedes se entregaron al fuego.
No, ya sé, no estás bien. Especialmente hoy, otro dos de Abril sin pena ni gloria. El estridente pabellón de ellos sigue flameando en Malvinas.
Hoy domingo la gente viaja, se depila las axilas, pasea por la costa, va a la cancha o se tiñe las raíces canosas. Manda el perro a hacer sus necesidades a veredas ajenas y lava el auto.
Quizá uno de ellos mire la bandera y se acuerde de qué fecha es hoy, de la sangre derramada, de una guerra inverosímil.
Para la mayoría, un domingo más.

Infieron que en Londres también.

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Viernes, 24 de marzo de 2006

TREINTA AÑOS DESPUÉS

En una persona, Alberto S., rindo homenaje a los treinta mil chicos y chicas de Argentina que nunca volvieron a casa.

(No estás vivo.
No estás muerto.
No tenés tumba ni epitafio.
Alberto, ¿sos lo que se llama un desaparecido, no?)


Caminabas siempre por la acera contraria. El sol de cada mañana hacía resplandecer aún más tus ojos verdes vivaces, felices.
Eras muy joven, estudiabas Ingeniería Química y tu familia vivía frente a mi casa. Nadie sabía a ciencia cierta dónde vivías vos y porqué te fuiste del nido materno de forma tan prematura.
Fausto ya estaba terminando la misma carrera y eran el orgullo de vuestra madre viuda.
Una mañana me despertaron los gritos de mi abuela: Fausto estaba preso en Coronda por ¡Montonero! y al Alberto nadie lo puede encontrar.
Yo era una niñita entonces. Me educaron en el no preguntes, no opines, no te metas.
Pasaron treinta años. Fausto volvió del infierno, formó una familia, retomó el mismo trabajo.
Una tarde de la semana pasada, vi a tu madre en su hamaca del jardín. Sola, con tu foto en la mano sobre su vestido y lágrimas que se deslizaron hacia el mentón, dieron un salto breve y culminaron de lleno en tu retrato.

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Miércoles, 22 de marzo de 2006

AVES DE PASO

Entraron a la obra social al mismo tiempo. Ella se adelantó y salieron casi juntos, una hora después. Conversaron por más de treinta minutos mientras caminaban hacia el norte por avenida Córdoba. Se acercaron al Jardín Botánico y tomaron asiento en un escaño descolorido.
Vinieron los besos, los mimos, los caricias que estremecen. A ella no le importó la alianza en la mano izquierda de él. Vamos atrás de aquellas plantas, dijo ella señalando hacia el Este. El accedió con asombro.

Siguieron las caricias hasta que la necesidad se hizo impostergable. La penetró de pie, sin quitarse el vestido rosa ella, ni la camisa opaca él.
En la acera del Botánico estaba la seccional octava de policía. El agente apostado en la entrada vio algo extraño entre los arbustos del fondo, pero eligió mirar hacia otro lado mientras el sol del mediodía se filtraba entre los árboles.
Nunca volvió a verla. Pasaron más de veinte años y él sigue casado con la novia de la adolescencia.
Una mañana de primavera, cruzó cerca de avenida Córdoba una mirada grisácea que el tiempo no logró hacerle olvidar. Junto a ella, caminaba un joven con el pelo rubio desordenado: creyó ver su cara en el espejo.

Atravesó la calle sin volver la mirada atrás y volvió a su hogar, con sus hijos adultos y la esposa de siempre.

Encendió el televisor y pronto olvidó todo.

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