Ana Callegaris

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Espacio de una escritora de Santa Fe, Argentina. Profundiza en el Microcuento. También se incluyen Relatos y Cuentos. Se le devuelve a la Literatura breve el lugar que merece. Correos a anacallegaris@yahoo.com.ar

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Sábado, 28 de noviembre de 2009

Agridulce Espera

Un día se irá y no volverá.
Un día se irá y no volverá y su espalda se perderá en el horizonte.
Un día se irá, no volverá, se perderá en el horizonte y los demás daremos un ALELUIA.
Sé que ese día está llegando, hermano, de contrabando.

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Lunes, 06 de julio de 2009

Expulsada del Edén

Fue criada en una especie de palacio y con honores de princesa. No conocía el frío, la madrugada, el sacrificio. Sólo debía estudiar mientras los mucamos preparaban sus comidas, tenían su ropa en el mejor estado y la casa limpia y ordenada al paroxismo.
No compartía juegos con otros niños de su edad al carecer de hermanos y vecinos y sus berrinches eran atendidos desde los primeros segundos de explosión.
Poseía una cara bonita sin par, lo que agravaba su situación cómoda de niña consentida entre adultos y criados.
Cuando su corazón comenzó a latir, se enamoró de un hombre más del pueblo. De origen humilde y mal genio, pronto la llevaría a una vida de privaciones y tristeza.
Convivió con la obligación de salir a trabajar, la obligación de cocinar, la obligación de mantener una casa aseada y en orden.
Entre sus compañeros de trabajo, era una más, pero con la cara más triste y disconforme de la fábrica.
Se sentía condenada.
Todos los días debía hacer lo mismo, en la misma máquina, sin otra posibilidad diferente en el futuro. Pasaron los años, a aquel hombre hostil lo alejó de su camino pero no dejó su trabajo, la única fuente de recursos con la que contaba desde que fue expulsada del paraíso.
Una noche de domingo, ya cerca de la madurez, caminaba con un mastín por la avenida Del Río, cuando se cruzó un joven cuyo perro trabó pelea con el de ella. Se miraron, el hombre sonrío mientras la observaba.
Superada la diferencia entre los canes, decidieron combatir el frío con un café negro en la estación. Hasta los perros parecían darse cuenta del especial momento en la vida de sus dueños.
Hace diez años que los veo juntos, lejos de una vida palaciega pero distantes de tristezas y melancolías.

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Jueves, 04 de junio de 2009

AÑIL

Navegante del Índico, con mirada en las Maldivas y poesía en cada muelle.
Es grata la ribera cuando el alba rompe el velo obsceno de la noche. Tiene algas, tiene olores, espuma nácar y tu piel en mis alboradas.
Escribiré más versos sobre tus poros que barcos zurcando ese mar añil.

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Martes, 14 de abril de 2009

Versión argentina de la Pasión

Lavó los pies de los amigos con Espadol, les dijo que su tiempo era corto, que pronto moriría. No entendieron nada.
Les dio pan y vino Toro a los mismos, les repitió que le quedaba poco tiempo, no entendieron. Lo acosaron a preguntas. Le rogaron que no se fuera. Uno preguntó por qué no había cerveza y fainá. Sólo respondió que uno de ellos lo traicionaría.
Salieron todos después de comer al patio de los olivos, mientras Judas mandó un SMS a un amigo policía. Él lo miró de reojo comprendiendo todo. Los demás charlaban y algunos cantaban un tema de Madonna, mientras varios móviles de Crónica se acercaban, también un camión de TN y por último, dos coches policiales.
Lo llevaron preso, pero antes de subirlo al móvil policial, los periodistas le preguntaran por qué lo apresaban, quienes serían sus abogados siendo tan pobre, qué pensaba de la pena de muerte y del flog de Cumbio. No respondió, los miró con tristeza.
Lo llevaron a una celda oscura de la cual sólo lo sacaban a la luz del patio para azotar su espalda. Desde un edificio cercano una periodista audaz filmó todo con su móvil y lo mandó a Clarinete. Pronto lo sabía todo el planeta en más de cincuenta idiomas. La sangre de la espalda, escasa y oscura, gracias al photoshop, parecía salsa de tomates en cataratas y el diario vendió miles de ejemplares en menos de dos horas. Un escándalo mundial había comenzada y nadie iba a perdérselo ni a dejarlo para la segunda página.
Mientras tantos, humanistas, ecologistas, pacifistas, organizaciones de derechos humanos, partidos políticos de izquierda y derecha, convocaron a diferentes marchas urgentes por las calles de Buenos Aires. Como el acusado era buen mozo y no había delito a la vista, muchas mujeres se sumaron en cualquiera de las tantas marchas aquel día, desbordando las calles porteñas.
El tránsito se había convertido en un caos, sólo circulaban motos o bicicletas a motor. De la ciudad era difícil salir, ya que varios de los seguidores mandaron prender fuego a neumáticos y no dejaban pasar a nadie sin antes darles panfletos y volantes diciendo quien era Jesús, que no tenía maldad pero era un capricorniano testarudo, que la Justicia se equivocaba.
Uno de sus mejores amigos, Pedro, perseguido por una movilera de Intrusos, negó conocerlo, pero luego lloró tanto que la periodista comprendió que mentía por miedo.
Al rato, se escuchó cantar un gallo.
El juez, un tal Pilates o Pilato, no sabía qué hacer. Se levantó, desayunó nervioso, recibió muchas llamadas de políticos y magistrados. Leyó todos los periódicos a su alcance: el "cuarto poder" estaba del lado del acusado y el pueblo lo defendía con gritos y carteles desde la acera de su mansión.
Se lavó las manos en una bandeja de plata, tomó un Lexotanil y mandó a condena perpetua a un tal Barba o Barrabás, un delincuente con prontuario más gordo que Al Capone, ya que al judío lo defiende casi todo el mundo y no puedo echarme a la opinión pública en mi contra -pensó- si quiero ser diputado el año próximo.

Mientras tanto, en las afueras de la ciudad, Judas deambulaba sin poder soportar el cargo de conciencia. No hallaba consuelo y arrojó su Palm a una zanja. Se ahorcó colgándose de un árbol frondoso. Bajo su cuerpo, quedaron los tres mil dólares que había recibido a cambio de ser un buchón.
Un campesino y su hijo bajaron el cadáver, llamaron a la policía rural y se quedaron con el dinero.
Nadie fue a reconocer el cuerpo en la morgue ni recordó conocerlo.

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Lunes, 26 de enero de 2009

Sala de Espera

Estaba tranquila leyendo un libro que compré en la calle, en la espera de la sala ámbar. Mucha gente me rodeaba y conversaba, pero yo estaba entre mi personaje de Chicago y su hermano que se fue del pueblo de las colinas frías para triunfar en Los Angeles.
La jovencita quedó desconsolada en Cold Hills, lloraba a mares cuando el psiquiatra me llamó.
Me habló con pasión de política con palabras como coimas, retenciones, senado, cosas muy lejanas a mi antigua gente norteamericana, amén de que ninguna de mis apreciaciones le cayeron en gracia. Terminó enojado conmigo y yo muy lejos de la tranquilidad de la espera. Le dijo algo en voz baja a la secretaria, quien me miró sin afección y llamó por teléfono a alguien.
Sigo leyendo el mismo libro, ahora en una mesa larga con vajilla de plástico y la TV casi en el cielorraso, de vez en cuando una señorita de blanco me llama para darme unas pastillitas que me adormecen y mi personaje de Los Angeles se mudó, ascendido, a Nueva York.




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Miércoles, 26 de noviembre de 2008

OLOR A TANGO

Deambulé zombie entre espirales de humo en el centro de la calzada. Era noche y apenas llovía, como dice el tango. Levité con liviandad casi sin pisar el suelo mojado. Me mirabas pasivo desde la vereda norte, con un vaso de Old Smuggler en la mano. Miré hacia el sur y seguí girando.
Por la mañana todo había pasado: la calle era aplastada por mil vehículos rumbo al trabajo, el cielo blanco por las nubes y el semáforo de la esquina gritaba un verde esmeralda.
Ya no te extraño.

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Miércoles, 19 de marzo de 2008

Bosque Virtual

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Miércoles, 19 de marzo de 2008

Voz grave y otros misterios

Pasó
Descendió
Bajó
Caminó
Suspiró
Se acercó
Me miró desde esos ojos pardos, preguntó algo vacío con la voz grave que llena todo el ambiente.
Se alejó.


Aún lo miro, aún veo su espalda hundirse en la noche, caminar hacia el Este huyendo rumbo al puerto, sin perder su aura de hombre solo y enigmático.

Todavía lo deseo.

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Viernes, 14 de marzo de 2008

Camilas o Camomilas

Camomila... Camila... camilla... Suena a hierba suave, o nombre de mujer que arriesga la vida por amor... sabe a cama rápida de hospital.

Te agradezco que existas. Que nazcan mil Camilas como vos: audaces, zarpadas, huracanes apenas saliendo de la infancia, niñas y mujeres al unísono, cultivadas en invernaderos que supieron burlar para amar o morir en el intento.

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Lunes, 28 de enero de 2008

Otro

Te estoy escuchando. Te estoy sintiendo, tu olor, tu piel, tu ritmo monocorde. La ducha sobre tu cuerpo y tu cansado andar. Tu teléfono pleno de contactos y llamadas extrañas. Tus ideas y lógica aparente. Todo me aburre, sí, me hastía. Necesito otros sueños, otro lugar, otra historia, otro hombre.

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Lunes, 20 de agosto de 2007

PABLO Y SU DESEMBARCO

No sé porqué te llamás Pablo. Como el Pablo del mar. Como el que le allanó el camino a Pedro en Roma. Como tantos papas, como tantos hombres corrientes. Esa noche de verano en la cual te conocí, fatigosa la noche y fatigada yo de tanto errar, no imaginaba que cambiarías el eje de mi planeta, el humus bajo estos pies cansados, mi soledad gris por tu mirada avellana. Abandono por ti mi obstinada soltería, mi abúlica mirada, las estúpidas teorías y el "vivir por vivir"... Por ti: pequeño marinero que echó su ancla en mi opaco corazón.

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Jueves, 08 de junio de 2006

AMO DE CASA

¿Quién dijo que no escribo historias de amor?


Esa mañana se levantó cansado. Cansado de escuchar a los robots limpiando y su zumbido... Cansado de Marla, de que salga con otros hombres, de su dedicación a las leyes y a sus amigos abogados por encima de vicisitudes familiares.
Cansado de estar siempre solo en casa.

Tomó el último auto que ella le compró y lo llevó al concesionario.
-No tiene nada, Joaco, lo revisé entero. -Le dijo Jazmín, la mecánica.
-Es que te quería ver a vos... -Contestó con suavidad.

La limpieza la hacen los aparatos, la comida se limita a abrir latas y Marla nunca está, o está en la sala de computadoras, aislada del planeta.

Y él desde entonces, se hundió en Jazmín, en la ternura de Jazmín, en sus brazos amorosos, en su olor, en el néctar de su piel ambarina.
Marla a veces los observa mimarse en la alfombra desde la escalera.
Sin afección ni emociones que puedan distraerla.
Sin corazón que anule la razón.

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Sábado, 03 de junio de 2006

DESDE EL TABURETE

Aquel día lo vi cerca de donde yo vivía. Estaba parado sobre un taburete pintado color oro y desde ahí gritaba los titulares de los matutinos.

Todos querían saber de qué se trataba el nuevo gobierno, que medidas tomaría, quien tendría que exiliarse.
Esas cuestiones a Totó no le importaban, él sólo quería vender diarios y llevar unas cuantas monedas a su casa. Si es que se le podía llamar casa al lugar donde dormía todas las noches desde hacía muchos años junto a su fiel perro Paco.
Una vez tuvo una novia, ahí en Purmamarca, era linda pero frágil, enfermiza.
De tanta debilidad y delgadez pasó a ser una calavera y la parca no se hizo esperar.
Totó nunca olvidó el brillo de su mirada, la tersura de sus brazos rubios, linda alemana venida de Rosario con sus padres, quien sabe porqué motivos a una provincia tan lejana.
Allí cambió –para peor- de vida. Pasó al alcohol, cigarro y ginebra no le faltaron y si no los conseguía por las buenas, se peleaba con el dueño del boliche hasta que lograba que don Lucio Salazar cediera una copa más.
Rara vez visitaba la tumba de ella, temía encontrarse con la familia de ella que lo detesta por su pobreza y dejadez.

Una mañana se le acercó un changuito gringo y le pidió dos matutinos porteños y el diario de Rosario… Su mirada lo estremeció, hasta hacerlo tambalear en su taburete. Eran los ojos de ella, también su boca y hasta un mohín que hacía al sonreír.
Tratando de disimular su turbación, le entrego La Nación y Clarín, pero no tenía La Capital de Rosario. Vio al niño alejarse… Solo, como desapareciendo en la neblina espesa y agobiante que traen los recuerdos tristes.

Nunca se ha vuelto a ver a Totó en Purmamarca, ni a Paco, ni a su extraño taburete dorado.

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Domingo, 14 de mayo de 2006

CONFORMISMO

Se levantaba sin pensar. Besaba a su marido al despedirlo, como siempre. Iba a la oficina sin cuestionarse porqué. Sonreía por compromiso, al volver pasaba por el mercado, todos los días. Cenaba sola mirando el mismo programa de entretenimientos.
El llegaba cuando ella ya estaba dormida.

Los sábados salían con los matrimonios de siempre, al lugar de siempre, regresaban en silencio, como siempre.
Los domingos pasaban informes, silenciosos. Hasta el gato se aburría.
Pasaron viente años idénticos.
Una mañana la atropelló una moto al salir del mercado.

La sepultaron en el cementerio de su ciudad.
En poco tiempo comenzaron a olvidarla.

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Lunes, 24 de abril de 2006

INFELIZ DOMINGO

Estábamos almorzando tranquilos en un domingo otoñal. El pollo tenía buen sabor y la conversación también. El fútbol y su bochinche hacían llegar su presencia ineludible desde el televisor de mi madre.

Fuimos felices, o por lo menos estuvimos en paz hasta que dije, sin afección:
- Hoy cumple años David.
Mi madre se sumergió en un silencio pesado, mientras se metía en la cocina con las bandejas vacías.
Mariano no emitió sonido. Giró su cabeza hacia un lugar vacío y oscuro.

Me arrepentí de abrir mi bocaza.
La casa se fue envolviendo en esos climas húmedos, vacíos y penosos, propios de las familias que fueron desmembradas por un hachazo irracional.

Por: Ana Callegaris | Microcuento | Comentarios (3) | Referencias (0)