Ana Callegaris

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Espacio de una escritora de Santa Fe, Argentina. Profundiza en el Microcuento. También se incluyen Relatos y Cuentos. Se le devuelve a la Literatura breve el lugar que merece. Correos a anacallegaris@yahoo.com.ar

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Sábado, 19 de noviembre de 2005

TORMENTA VERDE

El viernes las plantas lo invadieron, sus dientes quedaron verdes y la boca sin aliento. No encontraba sus pies, envuelto en ramas de madreselvas ni podía tocarse la espalda, también enverdecida por la selva.
La tormenta ecológica se desató cuando Adriano intentó podar la parra, y las demás plantas se solidarizaron con ella, enardecidas, lo envolvieron por completo.
Intentó llegar hasta el teléfono, pedir ayuda... el crotón que está junto a la puerta de la cocina se lo impidió, enroscándose en ocho entre sus tobillos y debió quedarse en el patio.
Las horas pasaron, llegó la noche con su manto de estrellas. No se escuchaba a ningún vecino desde las casas aledañas y el frío se hacía duro de soportar.
Sintió ganas de llorar. No tenía acceso al teléfono, estaba muy lejos de la puerta de calle y vivía solo en esa casa desconocida... un panorama desolador.
Tenía ganas de orinar, cuando intentó tocar el cierre del pantalón la madreselva alargó sus ramas para taparle toda la cintura hasta las rodillas... Se sentó en el pasto ya húmedo por el rocío... Las dos, las tres de la mañana. Ni un ruido, ni un perro que ladre. Nada.
Su desesperación se acrecentaba, no era dueño ni de sus manos. Cuando vio clarear la madrugada desde el Este pensó en llamar a don Felipe, el vecino que silbaba todos los amaneceres mientras alimentaba a sus canarios y cardenales... Esta vez ni un paso, ni un sonido.
Se echó a llorar, sin notar que también se mojaban los pantalones.
- ¿Qué haces, Adriano, estás loco? -Lo despertó su mujer.
Le costó reconocerla y responder. Ella siguió:
- ¿Qué te pasa que a esta altura me mojás el colchón? Des-per-ta-te, que tenés que ir a trabajar.
Adriano estuvo tentado de preguntarle si no había forma de salir de la casa sin pasar por el jardín. Pero se contuvo y sonrió bajo la ducha, recordando las vicisitudes de su pesadilla verde.

Por: Ana Callegaris | General | Comentarios (0) | Referencias (0)

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