Espacio de una escritora de Santa Fe, Argentina. Profundiza en el Microcuento. También se incluyen Relatos y Cuentos. Se le devuelve a la Literatura breve el lugar que merece. Correos a anacallegaris@yahoo.com.ar
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Martes, 18 de abril de 2006
Me senté cómoda en el último asiento. El vagón estaba repleto y la señora sentada a mi lado parecía muy amable. El tren comenzó su marcha y rápidamente ingresamos en un túnel. La primera estación se veía luminosa, alegre, repleta de adolescentes: pude reconocer la cara de mi hija entre ellos y me saludó con su mano izquierda. Yo no entendía nada: ella se había quedado en casa, en Santa Fe ¿qué hacía allí? Pensé que me había dormido y sería sólo un sueño. La señora me siguió hablando de sus hijos, nueras y nietos. Apoyé la cabeza y miré hacia el campo oscuro por la noche de luna nueva.
Para mi sorpresa, en la segunda estación estaba mi padre, solo, fumando su habano. Sacó el pañuelo blanco y lo sacudió en señal de despedida. Comencé a llorar, estaba vestido de negro con la corbata bordó de la noche del accidente. Mis lágrimas ya eran visibles para mi compañera, no pude explicarle que estaba saludando a un hombre muerto hacía quince años. Y se lo veía allí, tan real... casi tangible.
Ya no me sorprendió lo que me esperaba en la tercera estación: estaban mi madre, mi novio y la señora que cosió mi vestido de novia. Se veían enojados mientras me hacían señas para que descendiera del tren. Era inentendible, hace veinte años que esos tules blancos me vistieron una noche. Cerré los párpados, intenté dormir. El tren tomó velocidad, casi todos dormían pero mi compañera tejía. En la última estación vi a mi abuela conversando con una niña junto a su máquina de coser: no me costó reconocerme, con los moños azules que ella solía utilizar para recoger mi pelo. Estaba joven, con su abundante cabello miel y una sonrisa que la vida le borró. Cuando pensé que ese extraño viaje había terminado, el tren arrancó de golpe.
En la última parada una joven bailaba en el andén con ese latino moreno que fue mi padre. Cuando giraron, pude ver el rostro jovencísimo de mi madre al son de "Inolvidable", un bolero exquisito, y la niña que fui saltó del tren y los abrazó a los dos.
Por: Ana Callegaris | General | Comentarios (3) | Referencias (0)
Lucy in the Sky | 21-11-2005 13:49:41
ME GUSTARIA SI ES POSIBLE QUE ME DIJERAS DONDE PUEDO CONSEGUI EL LIBRO DE UN VIAJE EN TREN ESTOY DESPERANDA BUSCANDOLO Y NO LOGRO ENCONTRARLO POR FAVOR UN BESO
RAQUEL | 10-01-2006 13:17:39
conocí santa fé hace dos meses...
era un sueño esperado tras largo tiempo de imaginarlo...
la costanera y las ciudades cercanas me hicieron entender por qué en medio de tanta belleza hay gente que escribe tan lindo como tú!
un abrazo desde mi cheqa..
cheqa | 24-04-2006 05:08:30